Cuando tenía 16 años recién cumplidos, empecé a tener un dolor en la cadera y en los meses siguientes los dolores se extendieron a una rodilla y a los pies. La medicina oficial tardó 6 meses en ofrecerme un diagnóstico. Finalmente me dieron uno de esos complicados términos médicos y unas pesimistas perspectivas: la enfermedad se desarrollaría y con el tiempo probablemente me quedaría en una silla de ruedas. Por supuesto junto con aquel impronunciable nombre también recibí la “sentencia” de que la enfermedad era “incurable” ya que sus causas no eran, y no son, conocidas para la ciencia hoy en día. Para un adolescente recibir una noticia de semejante envergadura es duro. De repente el resto de mi vida aparecía como una mancha oscura... o como una lucha. Mi elección fue luchar y comencé a buscar. Fueron tiempos muy difíciles ya que la enfermedad siguió avanzando lenta pero implacablemente en los siguientes 8 años, incluso apareció una segunda enfermedad crónica, que en algunos casos se daba junto con la primera.

Fui probando algunas cosas y durante mucho tiempo estuve haciendo tratamientos con balance polar, homeopatía, estudie acupuntura, aprendí reiki, sanación magnética, pránica y muchas cosas mas. Al mismo tiempo llevaba un importante tratamiento médico, cuyo único objetivo era disminuir algunos de los desagradables síntomas con los que vivía en el día a día. La realidad es que después de 8 o 9 años tenía serias dificultades para caminar o estar de pie, por no hablar de los dolores y otros síntomas. En todo este tiempo siempre tuve claro que de alguna manera encontraría la ayuda necesaria para mi curación y que era cuestión de insistir y seguir el proceso. Finalmente después de 12 años de enfermedad un buen día (fue casi de un día para otro) los dolores empezaron a disminuir, empecé a poder apoyar mi talón izquierdo en el suelo (llevaba como unos 10 años sin poder hacerlo) y en el transcurso de unos meses pude abandonar completamente toda la medicación.

A lo largo de estos años he aprendido muchas cosas, y no me refiero sólo al aprendizaje intelectual. Me refiero al aprendizaje de la Vida. Cuando la enfermedad se presenta no lo hace sola. Viene con un compañero de viaje: la oportunidad de crecer. Los humanos somos así. A veces no queda otro remedio, nuestro cuerpo enferma y nos avisa de que no vamos por el camino adecuado o simplemente de que hay uno mejor esperando ser recorrido. La curación es la toma de poder por uno mismo. El poder de convertirte en el maestro de tu destino; no dejas en manos de los demás tu destino, solo te ayudas a través de otros, pero eres tu el que curas.

Soy una persona con sed de conocimiento, de disfrute y de plenitud. He investigado y creado la Resonancia Bioenergética porque he podido hacerlo disfrutando. A veces me dicen que es bonito ayudar a los demás. Es verdad, aunque si te digo la verdad hago esto porque es mi pasión. Si es de utilidad para ti, yo seguiré disfrutando...


Chema Sanz