Resonancia Bioenergética

Una vida con sentido

En total, de lo que llevo vivido, más de treinta años los he pasado enfermo o con algún tipo de dolor crónico. Esto ciertamente me ha proporcionado una particular visión sobre la enfermedad, la salud y también sobre la mente humana.

Recuerdo aquel fin de semana que quedé con mis amigos y empecé a cojear por un intenso dolor en la cadera. Recuerdo perfectamente aquella mañana, siete meses de peregrinajes médicos después, en la que me dieron un diagnóstico. Ya había cumplido 16 años, el médico miraba sus papeles y a mis padres, sin embargo sus ojos se cruzaron escasamente con los míos. Me anticipó una vida de dolor y discapacidad progresiva en el discurrir de los años. Y recuerdo perfectamente mi enfado contenido (en aquella época me enfadaba mucho) y ese primer pensamiento que me vino a la cabeza: ¡si en algún lugar del mundo existía una solución, yo la encontraría!. Aunque el dolor y la enfermedad eran algo conocido para mi, a partir de entonces mi situación cambió drásticamente, no se iba a solucionar con un ingreso hospitalario más, no en un par de semanas, ni en un par de meses, ni en un par de años. Mi adolescencia se rompió, enfermo y posteriormente rechazado por una familia desestructurada. Y ahí empezó un camino de búsqueda, autoexploración y aprendizaje.

Con 22 años terminé mis estudios, me contrataron inmediatamente y empecé mi camino profesional como programador y desarrollador de software de gestión. Empecé en una pequeña empresa informática, que sin embargo estaba en proyectos realmente grandes. Esto me obligó a aprender muy rápidamente, aunque se me daba bien. Pero la carambola del destino no fue tener las mejores prácticas de mi promoción y conseguir instantáneamente un trabajo de programador, eso solo era el envoltorio. Uno de los dueños de la empresa conocía a un médico de mi ciudad que hacia técnicas “alternativas”. Este médico se convirtió en una de las personas más importantes de mi vida. En el año 1992 empecé la terapia con él y decidí que después de muchos intentos esta iba a ser mi gran apuesta, tenía muy buenas sensaciones. No me prometió ningún resultado, en un acto de verdadera sinceridad. Fue el principio de un proceso terapéutico que duró ocho años, en los que aprendí a asumir mi enfermedad. Mientras seguía aprendiendo otras técnicas naturales, asistiendo a diferentes seminarios y leyendo mucho (soy un gran autodidacta). 

En el año 1995 empecé mi andadura en otro de mis viajes más importantes, el reiki. También estudié acupuntura por primera vez (volví a hacerlo en una escuela diferente en los años 2000). Al mismo tiempo la empresa dónde trabajaba se descalabró, uno de los socios se llevó el dinero y yo me quedé sin cobrar más de un año de salario atrasado, lo cual originó una serie de problemas que, por acortar, desembocaron en que mi madre me echara de su casa, así que estrené los 25 años en casa de un amigo que me acogió. Y allí estaba yo, desterrado, enfermo, minusválido (podía andar, pero con grandes dificultades) y en el paro. Me preguntaba ¿cómo es posible tanta mala suerte?. Acabé la formación en reiki y empecé a practicar autosesiones diariamente. En 1996 empezé a dar seminarios de reiki y sesiones, abandonando completamente mi corta e intensa trayectoria profesional como programador de software.

Entre 1997 y el 2000 seguí haciendo los seminarios que me parecían interesantes y podía pagar. Conocí a un maestro y dediqué mucho tiempo a la meditación, que ya practicaba de diferentes maneras desde los 14 años, ya que desde niño tuve una gran curiosidad por la conciencia y el sentido de la vida. Mi situación económica era bastante precaria, pero el poco dinero que ahorraba después de pagar lo básico para poder sobrevivir, lo dedicaba a asistir a intensivos y cursos en los que seguía incorporando herramientas de sanación. En un momento dado también me dio para viajar por el mundo asistiendo a eventos relacionados con el maestro de meditación al que seguía. Aprendí mucho en aquellos años, fue muy interesante conocer mundo (¡la primera vez que salí de España fue a Australia!). Lentamente seguí madurando. En el año 1998 los síntomas de mis enfermedades disminuyeron por primera vez y mi pie izquierdo pudo apoyar completamente en el suelo de nuevo, 12 años después, aunque todavía tenía bastantes problemas. Ese mismo año se puede decir que ya estaba realizando multitud de experimentos y desarrollando técnicas nuevas para percibir y manejar los campos de energía sutil, abriéndose por completo mi faceta de investigador. Se puede decir que en el año 2000 superé desde un punto de vista clínico las dos enfermedades crónicas e “incurables” por las que pasé. Esto fue fruto de un intento sostenido durante 15 años y de un trabajo de sanación, autosanación, crecimiento y superación interior en el que básicamente me reinventé a mí mismo. Pude dejar por fin de tomar medicación y de ir al hospital. Casi no he ido al médico en los últimos 15 años. Sin embargo todavía tengo algunas secuelas; convivo con dolor en mi musculatura en el día a día y todavía tengo que cuidarme excepcionalmente para que mi cuerpo no enferme. Me resulta difícil hacer ejercicio normalmente y me canso más de la cuenta.  

Soy consciente de que he realizado algo muy difícil, pero todo lo que puedo decir es que no es lo mismo difícil que imposible. En un momento dado llegué a entender la diferencia entre la curación y la sanación. La curación que nos han enseñado consiste en eliminar los síntomas o la enfermedad, disociándolos de lo que somos, de lo que sentimos o de cómo vivimos. La curación busca un objetivo final, a veces a cualquier precio. Creo que es bueno que exista este enfoque. Los médicos se deben encargar de la curación. Quién me conoce bien sabe que soy un gran admirador de la medicina de nuestra época y que gran parte de lo que sé es gracias a ella, la lástima es que estemos tan lejos del punto de encuentro entre las dos visiones. La sanación es un proceso en el que lo importante es compensar la pérdida de la salud con aprendizaje, experiencia y consciencia. En la sanación lo importante es el recorrido. Es como el camino del guerrero, haces lo que tengas que hacer, con intento inflexible e impecabilidad sin esperar resultados, sin quejarte y con osadía. Quien entienda esto ya entiende mucho.

Así que aquí estoy, con 20 años de experiencia y con la sensación de que acabo de empezar ya que queda mucho por delante. He desarrollado la Resonancia Bioenergética, la Recapitulación por Resonancia, la Emoenergética, he remodelado el Reiki, he escrito un libro y voy a por el segundo. Me gusta pensar que parte de mi camino profesional y vital consiste en introducir una variable en la fijeza de la vida de las personas, un punto de referencia alternativo que pueda enriquecer sus opciones. Gracias a tod@s.

Chema Sanz

Textos y Fotografías © Chema Sanz 2016